Frente a la pasividad social, el liderazgo cívico

Ensayo escrito para las Becas Young Civic Leaders, de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno. Diciembre 2018.

Vivimos en la Era de la Indignación. Desde hace varios años, se ha instalado en nuestra sociedad un paradigma peligroso; abono para los totalitarismos, germen de las ideas de aquellos que defienden los extremos irreconciliables. Un paradigma que crece día tras día, cegado por los argumentos fáciles que ocultan la realidad que ofrecen los datos. El de aquellas personas que se quejan vehementemente por todo lo que ocurre a su alrededor, mostrando duramente sus comentarios en redes sociales, grupos de amigos, familiares, etc; pero que nunca hacen nada. Frente a esta pasividad social e individualista, solo cabe el liderazgo cívico de los que se atreven a dar un paso adelante y cambiar el mundo.

“Si no lo hago yo, ya lo hará otro” se ha convertido en una de las ideas más peligrosas de los últimos tiempos. Fomentada por la facilidad por la que las nuevas tecnologías ofrecen altavoces para las ideas y comentarios de cualquier tipo. Esto dirige la sociedad hacia una deriva donde la satisfacción por quejarse e indignarse es inversamente proporcional a las ganas de hacer algo para cambiar. Sumado al egoísmo antropológico y la inmediatez de la satisfacción individual de la Generación del Like, no está permitiendo que las sociedades evolucionen hacia algo mejor (o al menos, intentar buscarlo).

El Liderazgo Cívico como forma de interactuar en la sociedad

Pero en este contexto, el liderazgo cívico se abre paso para identificar aquellos individuos que ven más allá de la individualidad y el egoísmo. Aquellas personas que piensan en el yo y en el conjunto, en el beneficio y el esfuerzo; que tienen en cuenta el presente, aprenden del pasado y trabajan para construir un futuro donde todos tengamos un espacio. Un líder cívico no es un superhéroe moderno, sino alguien capaz de ver más allá del egoísmo innato que caracteriza al ser humano para demostrar que cuando todas las personas trabajan juntas se alcanzan metas más allá de nuestra imaginación. Un líder innato que lucha batallas que otros creen imposibles de ganar por aquellos que no tienen la voz o la voluntad de pelearlas. Un líder abierto, capaz de movilizar y motivar a la sociedad, con la habilidad de identificar y trabajar para resolver los problemas y necesidades más urgentes que achacan a las comunidades donde pertenecen.

Y es aquí donde reside una de las mayores virtudes del liderazgo cívico, la de identificar cuáles son los problemas, necesidades, inquietudes de las personas. A priori nadie puede luchar contra algo innato del ser humano (su egoísmo), un mecanismo biológico que nos ha permitido sobrevivir y evolucionar desde los albores de los tiempos; pero si identificar las verdaderas razones que mueven toda la indignación que se vive actualmente para lograr abrir los ojos, poner de acuerdo a las personas para que trabajen juntas por objetivos comunes. Algo que los líderes cívicos realizan desde una posición de humildad, escuchando y preguntando para entender y aprender. Y es esto último, aprender, algo que nunca deja de hacer sea cual sea el contexto.

Un líder cívico no es un superhéroe moderno, sino alguien capaz de ver más allá del egoísmo innato que caracteriza al ser humano

Sin embargo, su liderazgo va más allá de la observación y cohesión en el ámbito de lo teórico o las ideas. Sino que llega hasta la capacidad de motivación y movilización de las personas. Un líder es alguien que no sólo sobresale sobre los demás para que su voz se escuche más, sino que consigue descubrir cuál es la motivación que logra transformar a un indignado de sofá y redes sociales, en alguien que sale a la calle, trabaja y hace un esfuerzo por luchar en conseguir cambiar aquello que tanto le enerva.

Evidentemente, el líder cívico encuentra a lo largo de su vida miles de obstáculos y enemigos de lo que persigue. Personas, grupos y organizaciones que intentan detenerle con toda clase de argucias, argumentos y acciones. Pero es la fuerza innata que reside en las personas que enarbolan la bandera del liderazgo cívico la que les permite superar todas estas dificultades. Existe algo, por encima de lo puramente racional y científico, que mueve sus acciones y logra que no se rindan tan fácilmente hasta alcanzar lo que quieren para el bien de sus comunidades y sociedad. Es por ello que el liderazgo cívico se convierte en la mejor herramienta para luchar y hacer frente a la pasividad social que tan a gusto se practica desde el sofá.